 | por Jorge Dal Bianco |
Un hermoso recorrido Los relatos de mi amigo Hugo que volvió del sur con sus primeras experiencias en la pesca con mosca me hicieron reflexionar sobre lo que para mi son cuatro etapas bien marcadas en el pescador con mosca, aquellas que anhela y desea experimentar para que dejen de ser relatos de terceros y se transformen en experiencias propias. La primera es “pescar una trucha”. Es sin duda la especie emblemática de la pesca con mosca, es el primer paso que hay que dar. A esta altura seguramente somos muy nuevitos y poco nos interesa el “cómo” ni el “dónde” . Es el gran bautismo, el que nos transforma en pescadores de mosca. Este suceso se materializa seguramente en nuestra primera salida de pesca y quedará guardado en nuestros recuerdos por siempre. La segunda y la tercera etapa no tienen un orden tan definido como la primera, pero a efectos de situarlos yo diría que la segunda etapa se presenta luego de un tiempo más o menos largo. En algunos pescadores no sucede nunca, no porque no evolucionen sino porque por ahí no les llama la atención, pero a la gran mayoría en algún momento se les pasa por delante una morsa y hace que se presente el segundo objetivo, “pescar mi primer trucha con una mosca atada por mi”. Esta etapa, para los que no viven en la Patagonia o tienen la posibilidad de pesca limitada a los viajes durante la temporada o a las vacaciones, les puede llevar hasta un año. Se trata de mojar esa mosca que vaya a saber en qué noche de invierno y soñando con el agua cristalina de algún río, fue atada y atesorada en nuestra caja esperando el gran día. Es difícil trasmitir lo que se siente, es el final de lo teórico consolidado en la práctica, lo posible calculado frente a la morsa a lo real ejecutado frente al río, la comprobación de la hipótesis. Es como que uno ya se siente más pescador, los resultados nos acompañan. Esta combinación de pescar y atar nos lleva directamente a la tercer etapa, “pescar una trucha con mosca seca”. Este es el clásico, la forma más refinada, la que menos errores nos permite, la que tiene la magia de la tomada en superficie, la que nos pone como pescador a prueba. Con el tiempo se transforma en una manera más de pescar, pero recuerdo el respeto que le tenía a la presentación, a la deriva, al cono de visión de la trucha, a lo fino del tippet, a las proporciones de la mosca. Realmente era una materia con muchas bolillas pero que por suerte un día rendí satisfactoriamente. Con estas tres materias uno pasa mucho tiempo yendo y viniendo por ríos y lagos, viviendo hermosos momentos hasta que inevitablemente te nace esa necesidad de “pescar el gran pez”, y qué problema, es la última materia y los lugares de exámenes son pocos y difíciles, con pescadores que la tienen mucho más clara que yo. Ir al Limay a un cierre de temporada o al Correntoso en una apertura serían una buena posibilidad, pero cuando llegue, qué hago? Dicen que hay que tirar como 40 m con el shooting, ¿Y si hago líos? Los otros pescadores se me van a reír de lo lindo. Si amigo, esto lo sentimos todos en ese momento pero para tranquilidad de aquellos que aún no han recorrido este camino les digo que de ninguna manera alguien se podría reír. Al contrario, la sana envidia de estar en las puertas de vivir un momento único e irrepetible donde el corazón se nos sale, las piernas nos tiemblan y los ojos se nos llenan de lágrimas. Es la cima de la montaña por primera vez, con todo lo que eso significa. Sin duda alguna esta carrera llena de exámenes es la más linda que uno puede elegir y además es libre de stress. Si la está cursando no se apure y si todavía no se inscribió … ¿Qué espera? Meche. |