 | por José Vázquez | Una más y van… El 20 de octubre apareció publicada una resolución de la secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación, que lleva el número 368/2008, donde autoriza un aumento de 2.500 toneladas adicionales al cupo de exportación de sábalo de 12.000 toneladas, fijado oportunamente para todo el año 2008. Con el peligro que entrañaba quedarme con la boca abierta para siempre, acudí a toda mi serenidad para reponerme, y para desahogar el mal humor comencé a escribir este editorial para el mdm. Quizás muchos no se darán cuenta exacta de la importancia de conservar en buen estado las poblaciones de este pez. Por ello, séame permitido contarles brevemente, que el sábalo, pese a no ser un pez de interés en la pesca deportiva, es el que sustenta toda la cadena trófica de la cuenca del Plata. Este pez come detritus del fondo y los transforma en biomasa animal. Como es la principal presa de los grandes predadores del río, sostiene las poblaciones de los más importantes peces deportivos de la cuenca. Entre los considerandos de esta resolución, se recurre a la treta elemental de decir que actúa con la información científica aportada por una comisión técnica formada por expertos propios y de las provincias de Entre Ríos y Santa Fe, que dictamina que no hay riesgo para un aprovechamiento sustentable de la especie en cuestión. Desliza también que el informe técnico detectó que debido a las condiciones climáticas adversas del 2007 se produjo una gran mortandad de juveniles de la especie, pero que este impacto recién se notará dentro de un par de años. Situado en su perspectiva exacta esto suena a una nueva tomada de pelo a todos los que en reiteradas ocasiones han señalado el daño infligido al ecosistema. Día a día los aficionados de todas las modalidades visitan los innumerables pesqueros a lo largo de la cuenca y no la encuentran rebosantes de peces, sino todo lo contrario. Los expertos de las ONG preocupadas por el destino catastrófico de la cuenca también opinan todo lo contrario; es más, el doctor en ciencias biológicas Claudio Baigún, dictamina que para la recuperación del recurso sería necesario suspender las exportaciones por al menos cinco años. Sólo los “expertos” dependientes del salario oficial, al amparo de complicidades cruzadas, opinan que la cuenca rebosa de peces y que no estaría mal agregar 2.500 toneladas al cupo permitido, para que el pescado no se muera de viejo. Es más, como en dos años vamos a tener faltante de peces, debemos aprovechar a liquidar ahora todo lo que podamos. Cuando analizamos bien la resolución, notamos como al desliz, que también autorizan la exportación de 500 toneladas de bogas y 1000 toneladas de tarariras. Estos cupos por lo menos, no manifiestan basarse en ridículos informes técnicos y se aplican, digamos, porque si. Estas dos últimas especies, ya interesan al pescador deportivo y deberían ser motivo de tanta o mayor preocupación de parte nuestra. Es también aberrante y depredatorio que la resolución se tome el 20 de octubre, altura del año en que estos peces comienzan su etapa reproductiva. Pareciera dar la impresión de que las autoridades actúan en consonancia con los intereses de los frigoríficos, ya que el año pasado la ampliación de cupo se efectuó en base a los stocks acumulados de los frigoríficos que estuvieran registrados en Senasa. ¿Se dieron cuenta de esto último? ¡Que material fértil para las conjeturas! O sea que los “señores” pescaron lo que quisieron y después por lo que estaba por encima del cupo, pidieron la ampliación de la cuota para liquidar el stock, y nuestros “maravillosos” funcionarios, en vez de imponerle sanciones por haber pescado por encima del cupo permitido, los premiaron ampliándole la cuota de exportación. Aunque esto parezca grotescamente fantástico, fue en realidad lo que ocurrió. Suele esgrimirse que todos estos desaguisados se hacen para defender al pescador artesanal, que necesita pescar para procurarse un medio de sustento, aunque éste sólo reciba las migajas del negocio. No nos engañemos más, la solución pasa por gastar dinero en ayudarlos y no en dejarlos gastar el recurso íctico, que una vez dañado de manera irreversible no se recuperará nunca más, como ha sucedido con numerosos ámbitos que muchos viejos pescadores recordarán, y que casi siempre vinieron asociados a autorizaciones de pesca comercial. A través de los siglos, la cultura popular ha relacionado a las aguas con todo tipo de monstruos que habitaban lagos, mares y aun ríos, y eran motivo de profundo temor. Los pescadores deportivos sabemos que esas creencias son infundadas, aunque pensándolo bien, yo creo que esas fuerzas monstruosas de las aguas no habitan allí, sino en la mente y en los corazones de nuestros funcionarios y políticos, porque si no fuera de esta manera no sería posible concebir el modo en que profanan, una y otra vez, nuestros recursos naturales. Total, con el transcurrir del tiempo, todas estas barbaridades, se echarán en el arcón sin fondo del olvido. |