Editorial 13 :: Quiénes defienden el medio?
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Viernes, 08 de Agosto de 2008 17:15

por José Vázquez

 

Quiénes defienden el medio?


Dentro de la problemática que plantea la defensa de nuestros recursos naturales, nos vemos muchas veces inmersos en cuestiones de furtivismo, de reglamentos, de corrupción política, etc. Olvidamos así, enfrascados en esas importantes discusiones, echar una ojeada sobre la primera línea de fuego que tiene la defensa de los recursos naturales.
El asunto es difícil y he vacilado, no poco, antes de decidirme a escribir sobre el mismo; me estoy refiriendo sin duda a la figura del guardafauna, guardapesca, guarda-parque, inspector de pesca o la denominación que adquiera según la repartición estatal a la que pertenezca.
Pero haciendo abstracción de la denominación que se le asigne, esta es la persona que tiene por función proteger las áreas naturales que le fueron asignadas por la autoridad competente. La herramienta que posee para proteger dichas áreas es el control del cumplimiento de las leyes y los reglamentos que resguardan la naturaleza, del abuso irracional de que sería objeto si dichas leyes y reglamentos no existieran, y aun más si no existiera la persona encargada de aplicarlas.
Es por ello, que esta persona reviste una importancia fundamentalísima, si el objetivo de la mayoría de nosotros es mantener ríos, arroyos, lagos y embalses limpios y con una población de peces sana y adecuada.
Ahora bien, si reflexionamos un poco sobre las características y capacidades que debiera tener una persona que se ocupa de una tarea tan importante, seguramente coincidiremos en muchas o por lo menos en algunas. Entre ellas, intuyo una, tal vez como la principal: "el amor por la naturaleza", si no siente afecto por el entorno que tiene a su cargo, difícilmente pueda hacer un trabajo de excelencia.
Por supuesto muchas otras características de la persona son importantes: la responsabilidad, el compromiso, la seriedad, la preocupación, etc., pero las estimo siempre subordinadas a la que considero en primer lugar.
Sin lugar a dudas las capacidades también son muy importantes: tener nociones básicas de flora y fauna, conocer las leyes de aplicación y los reglamentos, poseer nociones de ecología, etc., todas capacidades que pueden ser adquiridas mediante un buen entrenamiento.
Si consideramos que las anteriores características y capacidades mencionadas, son importantes y las contrastamos con la realidad que observamos, vemos un serio déficit en muchas de las personas que hacen de su ocupación, la labor de proteger nuestros recursos naturales.
Por un lado tenemos el caso de los guardaparques que desarrollan su actividad en el ámbito de Parques Nacionales.
Estos guardaparques deben aprobar un programa de estudios amplio, a nivel de una tecnicatura universitaria, por medio del cual adquieren la capacitación necesaria. Intuyo también, que el hecho de emprender una carrera terciaria manifiesta en cierta forma, una vocación -¿o amor?- hacia el cuidado de la naturaleza.
Por el otro lado tenemos a los guardafaunas provinciales, cuyo entrenamiento, en general, se limita a pequeños cursillos de instrucción de pocos días. Este caso es un poco más preocupante, dado que suele tomarse como una salida laboral sencilla, que consiguen sin demasiadas exigencias o esfuerzos.
Lo que me he propuesto manifestar en este somero análisis son situaciones de carácter general y no particular, en donde sí habría que contemplar muchísimas situaciones que no entran dentro de estos patrones generales. Pues, sería necio de mi parte sin no reconociera la existencia de muchos esforzados guardafaunas que rompen el molde y descollan sobre la media realizando tareas sobresalientes. El
Magazine ha empezado la tarea de rescatar las labores destacadas de muchos de estos últimos.
Cuando vamos a pescar a nuestro querido sur si prestan atención, se darán cuenta que la mayoría de las veces que sectores de jurisdicciones provinciales a cargo de guardafaunas que dependen de éstas. Lentamente, la clase política se va dando cuenta de la importancia económica de preservar los recursos naturales y se han armado de cuerpos de guardafaunas, que pese a las graves deficiencias de formación, solemos ver cada tanto en los sitios más populares.
En el otro extremo, cuando pescamos en áreas que dependen de Parques Nacionales, el control a los pescadores, me animaría a decir que, brilla por su ausencia.
Salvo que la suerte, que gusta disfrazarse de casualidad, encuentre al pescador, justo en el camino por el que transita el guardaparque, y aun así no es seguro que vaya a pedirle el permiso y mucho menos controlar el equipo.
Sin pretensiones de acertar, y menos aun de agotar los diversos aspectos del problema, yo creo que la cuestión en este último caso, no es la falta de vocación o capacidad del funcionario, más bien tengo la sensación, de que una equivocada y fundamentalista ideología conservacionista se ha enseñoreado en el ámbito de Parques Nacionales, considerando que el salmónido al ser un pez introducido, no es digno de ser preservado. Ignoran de esta forma que, si alguien descubriera el modo de eliminar todas las truchas que pueblan los Parques Nacionales, esos ambientes no recobrarían el equilibrio que perdieron hace 100 años con la introducción de estos peces, sino que crearían otro desequilibrio igualmente perjudicial.
Así, pues, nos encontramos con la paradoja de tener guardafaunas con poca capacitación y con aptitudes que les hubieran servido mejor si se hubieran dedicado a otra cosa y por el otro a guardaparques con capacidades y aptitudes, pero con conceptos erróneos sobre la conservación.
Mientras, en medio de estas dos realidades, encontraremos a las truchas, que son sobrepescadas por falsos pescadores deportivos y masacradas por el furtivismo irracional.
No es mi intención en esta editorial agotar el tema, puesto que lo único que me propuse fue disparar un escopetazo para llamar la atención y provocar el debate sobre un aspecto del conservacionismo, al que tal vez no le prestamos demasiada atención.
Instalado el debate seguramente se pondrán en movimiento fuerzas que tenderán a corregir el problema tratado.
Como conservacionistas mosqueros, no solo debemos denunciar al furtivo o al que no cumple el reglamento, también tenemos el deber de exigir controles de calidad, denunciando al funcionario que no cumple con sus obligaciones, así como también y no menos importante, felicitar y agradecer al que cumple correctamente su labor.
Por ello siempre recuerden la inutilidad de las palabras, si estas no son fertilizadas por el valor inestimable de los hechos. Si les parece que no encuentran el ámbito donde realizar estas acciones aquí esta el Magazine, donde sus inquietudes encontraran un campo fértil donde prosperar.

José Vázquez

 

 

Actualizado ( Viernes, 08 de Agosto de 2008 17:17 )