Magazine Digital. Pesca con mosca

Magazine 48

Ya se encuentra disponible el número #48 del magazine digital mosquero.

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Editorial 29 :: Entre la vida y la pesca PDF

  por José M. Miguez

Entre la vida y la pesca

Últimamente mucho se discute acerca de modalidades y costumbres del deporte que practicamos. Que si devolución rigurosa o no tanto; que si el reglamento a rajatablas o dos pasos más allá de él; que todos los anzuelos sin rebaba o todos cortados en la mitad de la pata, etc., etc.
Es evidente que en el fondo la discusión trasciende el mero hecho de las reglas y el purismo deportivo para internarse en las oscuras brumas de las interpretaciones personales que nos definen como seres humanos en general y como mosqueros en particular. Resulta claro que a través de la elección de un modo de pescar, cada pescador busca al mismo tiempo definir sus cualidades, su personalidad, su pensamiento y por qué no, hasta su forma de entender la vida, ante sí mismo y ante sus pares y frente mismo a la naturaleza y a su equilibrio.
Uno, exponiendo su postura de “único y humilde redentor del planeta” defiende la suelta sin excepción de todas las piezas cobradas. Otro, como representante de la especie dominante propone desde su pedestal la captura de algún ejemplar con propósitos “alimenticios” bajo humanas y legales reglamentaciones. Un tercero, imbuido de bíblica “misericordia”, postula no sólo la suelta sino además la inclusión de caricias, agradecimientos y hasta ósculos a modo de gratitud por los favores recibidos. Un cuarto sólo propone “justa contienda”, un delicado equilibrio entre equipo y pez que asegure equidad en la lucha y sosiegue al mismo tiempo su conciencia primitiva.
Todos podrán asegurar que su modo de pesca es tan sólido y verdadero como un dogma capaz de resistir cualquier embate o cuestionamiento que se le haga desde lo reglamentario, lo ético, lo moral o incluso desde lo divino. Sin dudas creo que todos tienen razón, la argumentación a favor de cada modo de pesca es tan sólida como puede serlo la argumentación a favor del estilo de vida de cada ser humano y tan verdadero como éste. Sin embargo quisiera reflexionar acerca de la “temporalidad” de estas argumentaciones en uno y otro sentido, es decir en las argumentaciones acerca de los modos de pesca y de los modos de vida.
Creo que todos, absolutamente todos los pescadores, buscamos un modo, una forma y un estilo de pesca; y lo hacemos desde nuestros primeros pasos en el aprendizaje hasta que alcanzamos a dominar con cierta seguridad el complejo arte del fly. De la misma forma, todos buscamos un modo una forma y un estilo de vida, desde que nacemos hasta que logramos dominar con cierta seguridad el difícil arte de vivir. En realidad lo que estamos buscando es un qué un por qué y un cómo que justifiquen el “para qué”, tanto de la pesca con mosca como de la vida.
Si coincidimos con el conocido dicho “nuestros actos nos definen”, la sentencia “muéstrame tu forma de pescar y te diré quién eres” puede resultar igualmente válida. ¿Acaso el acto de comer con placer y fruición un pez que acabamos de sacar del agua, o devolverlo a ella con devoción y cariño dándole un beso, no habla de nosotros? ¿Acaso no hablamos de nosotros al aplastar la rebaba de nuestros anzuelos? Cuando cumplimos con el reglamento aún no coincidiendo mucho con él; o cuando vencemos nuestra tentación y vamos más allá de lo que indica la norma negándonos a saborear ni siquiera una pieza, ¿No hablamos también de nosotros?
Es claro que en cada acto, sea dentro de la pesca deportiva o no, estamos hablando de nosotros, estamos hablando de nuestras vidas, definiéndonos como personas y como seres humanos. Por lo mismo es más claro aún que tanto en la vida como en la pesca con mosca, nuestros actos resultarán dinámicos, irán cambiando y adecuándose a las etapas de aprendizaje que salvemos; es decir irán “evolucionando” con nosotros mismos y con nuestra vida. Nunca hubiésemos aceptado en nuestros primeros lances, sacarle la muerte al anzuelo ante el temor inconfesable de que nuestro pez no quedara enganchado. Algunas temporadas después, más temprano que tarde, ya no podemos pescar con ella; hemos avanzado de alguna manera, en la pesca y en la vida. Nunca en nuestra juventud hubiésemos dejado pasar una afrenta sin cruzar al menos dos puñetes; algunos años después, más temprano que tarde, ya no dirimimos nuestras diferencias de ese modo. Hemos avanzado tanto en la vida como en la pesca.
Entonces para continuar con este ejercicio de pensamiento, ¿Por qué considerar los diferentes modos de pesca con mosca como simples elecciones personales, preferencias estancas que aún mereciendo respeto son “desconsideradas” por quienes no la practican?; ¿Por qué entender los modos, formas y estilos de los demás mosqueros como “buenos” sólo si coinciden con los nuestros?
En lugar de ello, ¿Por qué no aplicamos sobre el tema una visión “holística” y lo pensamos como el resultado de una sucesión dinámica de elecciones temporales en el largo y azaroso camino de la pesca con mosca así como en el de la vida? ¿Por qué no verlo como una permanente y siempre incompleta evolución personal, más veloz o más lenta de acuerdo a las necesidades y circunstancias de cada individuo? ¿Por qué no terminar de una vez por todas con el egocentrismo de creer que “este modo” es mejor “que aquel otro”, y con su inevitable consecuencia: suponer que por lo mismo somos mejores pescadores o personas unos que otros?
Creo que una supuesta evolución conduce indefectiblemente a una superación humana del individuo, pero esto ya sería materia de otras reflexiones que dejaremos para futuros intercambios. De momento propongo pensar que todos somos pescadores deportivos en un proceso de selección temporal, con preferencias y gustos personales, que nos acercarán cada día más a reconciliarnos con nosotros mismos, con la naturaleza y con nuestra alma.

 

 


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